Informes para juzgados

Violencia de género

Dibujo Cortesía de Lyanta. (Lya Rui – Lyanth Tattoo)

La violencia de género, hace referencia explícita a la agresión machista del hombre sobre su pareja femenina. No es la única forma de agresión que puede darse, ya que efectivamente, encontramos casos en que la violencia la ejerce la mujer sobre el hombre, pero en ese caso no hablamos de violencia de género, porque no existe detrás un entramado social basado en la supremacía del hombre sobre la mujer, que le de soporte.

En la violencia de género se generan unas situaciones poco comprensibles para quien no tenga una formación específica, ya que resulta difícil, por ejemplo, entender porque la víctima soporta durante años las situaciones que describe y vuelve una y otra vez con su agresor.

Las violencia psicológica, el acoso y “lavado de cerebro”, son formas de maltrato psicológico que pueden llegar a ser muy sutiles y maliciosas, encerrando a la mujer en una maraña de mentiras y chantajes que le atrapan y que además, resultan muy difíciles de probar. Muchas veces el hombre, fuera de casa, parece una persona encantadora, amable, discreta, siempre dispuesta a ayudar, por lo que la mujer se puede ver sola e incomprendida, e incluso maltratada también por su propio entorno familiar y social.

El informe psicológico, se acepta como prueba incriminatoria en un proceso judicial, ya que sirve para dar cuenta del alcance de los daños que padece una persona y para dar fe de la credibilidad del testimonio. Es decir, si su relato se ajusta a lo que conocemos de la violencia de género según la literatura especializada y los numerosos estudios que se ha realizado.

Generalmente, son dos los psicólogos que actúan en estos casos, uno recoge la entrevista en video, y el otro, revisa la grabación.

Después, a través de un protocolo estandarizado, se revisa el relato para buscar los puntos claves que hacen que sea un relato creíble, o si parece una fabulación o una mentira deliberada.

Existen, por supuesto, otros casos posibles de violencia familiar o de pareja, aunque se denuncian con mucha menos frecuencia. Por ejemplo, el de los hijos contra los padres o entre hermanos.

En cuanto a los hombres maltratados, aunque son casos menos habituales de encontrar en los juzgados, también el psicólogo puede intervenir avalando la credibilidad del testimonio.

Una forma de violencia psicológica, son por supuesto, las denuncias malintencionadas y sin base real, que aunque en mi opinión, son poco frecuentes (otra cosa es que la agresión no se pueda probar, que no es lo mismo) hacen un daño irreparable sobre el que las sufre y un flaco favor hacia los procesos de violencia de género. En estos casos, el perito psicólogo también puede intervenir con un análisis exhaustivo de la personalidad del presunto agresor, para determinar, siempre que sea posible, si hay una patología que se ajuste a lo descrito por la denuncia.

Hay que advertir que el perito en ningún caso puede afirmar si los hechos
ocurrieron o no, ni en el caso de la víctima, ni de su presunto agresor. Nosotros no juzgamos, solo analizamos con una base científica lo más rigurosa posible las situaciones y los relatos que nos aportan.